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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 01/04/2007

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CASTILLOS DE SALAMANCA
ALBA DE TORMES
El Ave Fénix de la Casa Ducal

   
 

Mientras la mayoría de los castillos de la provincia de Salamanca agonizan por el inexorable paso del tiempo y la ausencia de mecenas que oigan sus pedregosos llantos para restaurar, todavía quedan ejemplos de fortaleza que, cual Ave Fénix, renacen constantemente de sus cenizas, como si estuvieran destinados a permanecer erguidos para que las historias que albergan sus silenciosos muros no pasen al rincón del olvido. El castillo de Alba de Tormes es un claro ejemplo de ello, erigido como pequeña torre sobre una colina durante la Edad Media , devastado por las contiendas anteriores a la época de los Reyes Católicos pero reedificado y convertido en palacio por los primeros duques de Alba, destruido durante la Guerra de la Independencia contra los franceses a comienzos del siglo XIX pero restaurado por el Ayuntamiento y la Junta durante los últimos tres años para su uso turístico.
Como sucede con muchos castillos, el origen concreto de la fortaleza palacio de Alba de Tormes es incierto, pudiendo aportarse una fecha aproximada a 1430, año en que se iniciaría la construcción por parte de Gutierre de Toledo, obispo de Palencia y origen del actual linaje de la Casa de Alba, tras recibir la villa de manos del rey Juan II. Precisamente el ascenso que esta familia protagonizó en la Corte fue directamente proporcional al progreso del castillo heredado por Fernando de Toledo aunque no sin sobresaltos, pues el propio Juan II le confiscó la villa, y por tanto el castillo, tras ser encarcelado durante seis años. Liberado por el siguiente rey, Enrique IV, don Fernando recupera la villa, pero no el castillo, que aún continuó en posesión del monarca tres años más.
Tras varias décadas de incertidumbre incluso con cierto abandono a su suerte del castillo, la llegada de García Álvarez de Toledo se produce el inicio de la época de esplendor de la localidad del Tormes al convertirse en 1472 en duque de Alba. Este título conlleva al mismo tiempo una serie de obras en el castillo, transformando el viejo edificio en una fortaleza palaciega acorde con el rango que ostentarían los Álvarez de Toledo durante los siglos XV y XVI. Es en esta época cuando artista de primera talla por aquel entonces acometen la construcción de las torres cuadradas llamadas Cuarto de San Jerónimo, Torre del Rey o Torre Blanca y la Torre del Arzobispo, que se completan con la Torre de la Armería o Torre del Homenaje, la única que hoy día se conserva en pie.
Pero si hay una persona que impulsa el castillo de Alba de Tormes es don Fernando Álvarez de Toledo, tercer duque de Alba, que pasará a la posteridad como el Gran Duque por su contribución a la historia de España con sus innumerables victorias militares al servicio de los reyes Carlos I y Felipe II. Durante su vida, el Gran Duque de Alba apuesta de lleno por el castillo como centro de poder y para ello lo enriquece tanto cuantitativa como cualitativamente. Así, la Torre del Homenaje se ilustra con coloridas y majestuosas pinturas de Cristóbal Passin y Miguel Ruiz de Carvajal como exaltación del duque con escenas alusivas a la Batalla de Müllberg y escenas alegóricas. Mientras, en la Torre Blanca se construye una galería del estilo italiano con mármoles de Carrara. Por si fuera poco, la galería del patio principal se distribuía en bella columnas de mármol con catorce arcos. Medallas, bustos de bronce sobre pedestales, la mejor vajilla del Imperio… el castillo de Alba de Tormes era el mejor ejemplo del lujo de la época. Hasta la innovación ‘tecnológica’ se hallaba intramuros, con un peculiar sistema de cisternas para recoger el agua de la lluvia.
Tal era la grandeza de don Fernando Álvarez de Toledo y la pasión que tenía en su fortaleza palaciega, que se decanta de lleno por su conservación como patrimonio histórico y museístico. De hecho, en 1575 decide depositar allí toda la artillería ganada en las campañas de militares por Alemania, Flandes e Italia. Así se recoge en los documentos que ha llegado a nuestros días: <>. Pero los posteriores monarcas no respetaron los deseos del Gran Duque y esta artillería fue empleada durante la Guerra de Sucesión en el siglo XVII, pues diversos estudios de investigadores han demostrado que en Alba había sesenta cañones en 1637 y setenta años después se fundieron cuarenta.
Es el sino de la historia. Como si de un fatal presagio se tratara, a los cañones siguió el progresivo desmantelamiento de todo el castillo ducal hasta la Guerra de Independencia, momento en que la villa y su puente sobre el tormes se convierte en zona estratégica. Bien por el desmantelamiento que ejercieron sobre este monumento las tropas francesas durante la batalla contra el ejército español a finales de 1809 y después con motivo de su retirada al ser vencidos en la Batalla de Arapiles, bien por el celo atacante del guerrillero Julián Sánchez ‘el Charro’, el castillo de Alba de Tormes fue prácticamente destruido, conservándose únicamente la Torre del Homenaje.
El aspecto ruinoso que entonces presenta la fortaleza albense se convierte en una jugosa cantera para los vecinos de la villa ducal, que poco a poco comienzan a llevarse peculiares recuerdos de la zona. Muchas casas de Alba de Tormes, pero sobre todo su Plaza Mayor, conservan algunas de las piedras del que en su día fuera castillo ducal, empleadas para la construcción de viviendas con un toque artístico autóctono.
Desde entonces, tanto sólo la Torre del Homenaje se conservó casi intacta y la erosión del terreno fue cubriendo poco a poco las ruinas de la fortaleza. Hasta que en 1960 el primer marido de la actual duquesa de Alba, Luís Martínez de Irujo, raspó con un dedo el encalado de la pared de esta dependencia y descubrió pintura debajo de la cal, De inmediato hizo traer especialistas del Museo del Prado para que recuperaran los frescos renacentistas de Passin que, tal vez para no incitar a los franceses a destruir más patrimonio cultural español, se había difuminado bajo una gruesa capa blanca.
Las posteriores excavaciones arqueológicas han ido descubriendo el esplendor que tuvo el castillo y en 1991 la Casa Ducal lo cedió al Ayuntamiento de Alba de Tormes para su uso turístico. Y así ha sido, habilitando en la parte baja de la Torre del Homenaje un museo con los restos de bustos, cerámicas y monedas de la época, mientras que en la primera planta se puede observar los frescos y documentos medievales. Tras la restauración llevada a cabo desde 2003, la parte superior del monumento se ha convertido en un mirador desde donde divisar toda la comarca a vista de pájaro, y también se ha reformado la cúpula y habilitado para el público la bóveda superior, que de oscuro palomar se ha convertido en otra sala museística más. El futuro ahora en las excavaciones arqueológicas que actualmente se acometen y la transformación de todo el entorno del castillo en un museo didáctico con un recorrido sobre las ruinas que, a través de pantallas explicativas, recuerde la historia del castillo y las peculiaridades de cada dependencia además de que se habilitará un parque público en todo el perímetro de esta fortaleza que siempre remonta el vuelo.

Surgido como pequeña torre junto al Tormes en la Edad Media, el castillo de Alba de Tormes se transformó en palacio con los primeros duques, destruido durante la guerra contra los franceses y restaurado recientemente.

El entorno del castillo se transformará en un museo interactivo y en un parque público sobre las ruinas descubiertas en las recientes excavaciones arqueológicas.

Frescos renacentistas, bustos de bronce, columnas de mármol, medallas, la mejor vajilla del Imperio... todo era lujo en el castillo durante la época del Gran Duque.

El castillo fue destruido en gran parte en el siglo XIX y muchas casas albenses tienen una piedra en su fachada.

Actualmente se exponen los frescos sobre la Batalla de Mülhberg, documentos medievales y se puede acceder a un irador en la parte superior del castillo.

   





 
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