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Aparecido en:  La Gaceta
 
Fecha de Publicación: 24/10/2007

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TOROS. DE VERDE Y PLOMO
El festejo de Alba de Tormes, deshuesado

   
 

Por recurrentes, no me gustan los refranes. Además, como los hay para todos los gustos las mayoría de ellos se contradicen unos a otros. No diga nunca jamás eso de “al que madruga Dios le ayuda”: un hombre madrugó y se encontró una cartera, si no quiere ver desmontado su argumento con un, “más madrugó el que la perdió”. Pero existe un remoquete en castellano que si me mola y que tengo en cuenta a la hora de circular por esta jungla. Dice así, “cuando la limosna es mucha, hasta el santo desconfía”, o sea, que en cuanto algo llama mi atención por desproporcionado a la máxima, voy y me mosqueo rápido.
Asunto Capea, a la palestra, que es que encuentro a la gente para bien o para mal algo más que desbocada. Vaya por delante que yo no vi el festejo. Ahora, que lo llevo de cine gracias a mi médico y fiel lector, mi amigo Antonio Muñoz de Morarles, no me puedo permitir “inritarme” una tarde de octubre así por la buenas. Pero ha sido tanto de una tacada, un guión tan infantil lanzado a los cuatro vientos, tan premeditado el argumento, tan redondo, que servidora, como el santo, desconfía. La idea fue de Verónica, la ex Joven del Armiño, y estamos ante una idea histórica, pues al mismo tiempo se nos informaba desde Espino Rapado de que nunca antes había alternado en corrida formal un padre con un hijo. La madre y esposa, Mari Carmen Lorenzo, ¡ya me contarán!, ni la señá Grabiela cuando le rondaban los mengues bajo su moño porque su pequeño, Joselito el Gallo, estaba anunciado con una de búfalos y para alejar los presagios decretó, “a mi hijo José no le da una corná un toro, ni aunque le tire un pitón”.
Porque la gitana que trajo al mundo a Rafael y José Gómez Ortega, por lo menos no tenía la responsabilidad añadida de ser ganadera, con un producto a lidiar en la arena de Alba por carne de su carne. Todo estudiado, el indulto de un toro, promovido desde el callejón como es costumbre en estos casos. Los brindis, ahora a El Viti (un abrazo, Santiago, torero) ahora a Agustín Ercilla, ahora al bendito personal, ante un público verbenero llegado desde todo el mundo, según declaraciones del empresario del festejo, don Julio Norte. Al finalizar el acto se sirvió un cóctel en un conocido local de la capital charra en el que, según nuestro topo, no se habló de otra cosa que de la faena del Niño de la Capea a su primer toro. A mi pregunta de que si el presidente de la corrida estuvo invitado al sarao, el topo responde que no lo puede asegurar pero que si el hubiera sido el anfitrión le pone un piso al representante de la autoridad.
Y todo esto para qué, pues para volver a poner en circulación por enésima vez a un joven muy limitado para conseguir ser un torero de cartel —joven que puede llegar a ser muy brillante en otros menesteres— al que le puede pegar un repaso hasta el autor de sus días. Yo no tengo nada que objetar a estos vanidosos homenajes en familia siempre que la Fiesta, patrimonio común de todos los españoles, incluidos los antitaurinos, no salga achicharrada al socarrá en cuanto los infumables comentarista de la televisión andaluza ponen el punto final a la retrasmisión.
Al respecto, los aficionados, al menos los aficionados de Madrid, están que echan chispas, con el agravante de que todas estas movidillas predisponen a la contra mucho más, pues la tribu venteña no es tonta y mide a los toreros al milímetro tanto por su comportamiento como tales en la plaza, como en la calle. Coincido con ellos, nos es el momento indicado para enseñar roneos por la pantalla y estos barrigazos de gloria sería conveniente que quedaran exclusivamente en familia y, como mucho, entre amigos. Yo, puesta en caso de los Gutiérrez Lorenzo, y lo digo de corazón y con todo el respeto que me merece la torera casa del Chamberí salmantino, meditaría y estaría muy sensible a la hora de detectar cobistas, mentirosos y otras especies pelotas, para alejarlos de todo lo que tuviera que ver con la carrera del chaval. Pues claro que a mí como mujer me hubiera gustado parir un hijo figura máxima del toreo, incluso parir un hijo de profesión notario, pero la genética es lo que tiene, que juega a su antojo muy malas pasadas. Lo más probable, siempre pensé, es que una hubiera dado a luz a un monstruo marino.

   





 
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