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Aparecido en:  El Norte de Castilla
 
Fecha de Publicación: 05/03/2015

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PERSPECTIVAS TERESIANAS. Manuel Diego Sánchez, carmelita.

   
 

La mejor biografía teresiana del siglo XVII (I)

La nueva edición de la Vida de Santa Teresa tradicionalmente atribuida a Diego de Yepes (1529-1613), pero en realidad escrita por fr. Tomás de Jesús (1564-1627), fundador y prior del desierto carmelita de Las Batuecas, ha posibilitado la recuperación de un texto fundamental para el conocimiento de Teresa de Jesús. Es la segunda vida teresiana en el tiempo después de la famosa del jesuita Francisco de Ribera (Salamanca 1590) que inauguró la serie. Editada en Zaragoza, 1607, y reeditada siglos después, incluso traducida a otras lenguas, la última edición que hemos conocido es la de Buenos aires, 1948, por lo que prácticamente no era un texto accesible en nuestros días. De este modo la Editorial de Espiritualidad de Madrid ha puesto a disposición de estudiosos y amigos de Santa Teresa una fuente imprescindible para su conocimiento, y esto con las mejores garantías críticas, es decir, acompañada de introducción, notas históricas, índices, etc.

Tomás de Jesús Sánchez Dávila era, sin duda, en aquel tiempo el mejor teólogo carmelita y escritor místico después de San Juan de la Cruz. Natural de Baeza (Jaén), fue en su etapa de universitario salmantino cuando, siguiendo las lecciones del catedrático Baltasar de Céspedes y leyendo a Santa Teresa, decidió hacerse carmelita descalzo, tomando el hábito en Salamanca y haciendo luego su noviciado en Valladolid. Famoso por haber sido el iniciador de la vida eremítica dentro de la orden con la fundación de los desiertos de Bolarque (Guadalajara) y Las Batuecas (Salamanca). Por su preparación académica el Carmelo Teresiano le destinó a tareas educativas, pero también le encargó del proceso de beatificación de Santa Teresa, por lo que percibió de inmediato la importancia que tenían los dichos y testimonios de aquellos personajes (monjas, frailes, clérigos, amigos seglares…) que habían conocido en vida a la Madre Teresa y decidió (o sugirió a los superiores) la necesidad de escribir una vida distinta a la de Ribera, que tuviese en cuenta esta fuente de información tan importante. Era el momento propicio para esta tarea biográfica. Para favorecer este proyecto se hizo con los originales o copias auténticas de todos los procesos teresianos logrando así reunir en el desierto de las Batuecas un fondo documental teresiano de primera clase, lo que le permitió, sirviéndose de auxilio de otros ermitaños del desierto, poder escribir la biografía teresiana en un espacio relativamente breve de tiempo (1604-1606) a la vez que era también prior de la casa. Por vez primera (Ribera no había podido hacerlo) el relato biográfico se construye en base a los testimonios fidedignos de cuantos la conocieron, naturalmente usando estos dichos de los procesos de acuerdo a criterios que responden más a los gustos de la hagiografía barroca que no a las exigencias históricas de nuestro tiempo. Pero la publicación que se hizo de este texto y a tanta distancia el desierto carmelita salmantino, es decir, en la imprenta de Ángelo Tavanno de Zaragoza, y también en un espacio récord, esconde una de las peripecias literarias más interesantes de aquel siglo.

Aquella Vida teresiana escondía detrás un problema de identidad muy serio para el Carmelo Teresiano de aquel tiempo, y hasta una diatriba que ha durado muchos siglos. Por lo que, por sugerencia de los superiores de la Orden y ello sin percibir las consecuencias, el prestar el nombre el famoso obispo Diego de Yepes en portada y como autor del libro, entre otras cosas, sirvió para dar autoridad y credibilidad a una de las partes implicadas, digámoslo claro, la parte más abierta y dinámica de la Orden que no encontraba razonable el encerrar el carisma de Teresa y su proyecto dentro de los estrechos límites de aquella España que se pensaba libre de toda otra contaminación religiosa y mística. Y no era así. No estaba en juego sólo el reconocimiento de Santa Teresa como madre y fundadora de monjas y frailes (en el libro este dato se da por cierto e incontestable), que era algo que encontraba no poca resistencia entre aquellos frailes avergonzados de hacer sido fundado por una mujer; lo más serio era la interpretación del propio carisma teresiano en su esencia, si era sólo contemplativo o, por el contrario, incluía también la dimensión apostólica o misionera.

   





 
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