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Aparecido en:  La Gaceta
 
Fecha de Publicación: 01/04/2015

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Y ahora, Alba de Tormes

   
 

Pensé que al estar tan cerca de Alba lo lógico sería que fuese a ver “Las Edades del Hombre”, y el sábado allí me presenté. Aunque algunas me he perdido, soy asiduo, y en esta ocasión, por tenerla solo a un paso, no quise esperar más. A las de Ávila iré cuando tenga tiempo.
Esta visita coincidió con el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa en Ávila tal día como el pasado sábado del año 1515, efeméride que se celebró en la villa ducal con gran solemnidad y asistencia de fieles junto a los muros de la basílica. Los de Gotarrendura, un pueblecito de la Moraña de 173 habitantes a veintiún kilómetros de la capital, dicen que nació ahí, tal vez sí, no es descartable, porque en Gotarrendura nacieron sus nueve hermanos y murió la madre de todos ellos.
Yo no estuve en los actos, fui por la tarde, pero encontré la villa distinta. No sé porqué, pero la noté diferente, por el ambiente tal vez, quizás porque hacia un tiempo más propio del cuarenta de mayo que del veintiocho de marzo, posiblemente por el hecho de entrar por primera vez en la basílica a medio construir que siempre para mí fue un misterio, basílica que no me la imagino terminada si me ajusto a la maqueta que se conserva. Muy bonita y decorativa [la maqueta], modelo de un propósito horrible. El impacto sobre el caserío de la villa habría sido enorme, lo hubiese absorbido todo, no sé si para mejorarlo o para empeorarlo, pero me inclino por lo segundo, aunque a veces la grandeza de las obras serían si se hubiesen terminado tomando como referencia lo que hay a la vista, por eso lo inacabado me abre la curiosidad como el olor de un asado abre el apetito.
Pues este apetito quedó saciado cuando ¡por fin! Entré en la basílica, contemplé lo que había con el respeto que impone unas ruinas, porque ruinas son de un despropósito, muy bien intencionado, pero despropósito, y salí cautivado por su atractivo, mayor así, sin terminar, que terminada, porque cada cosa tiene su sitio y este no era el mejor para un templo como el que pretendían levantar, comenzaron a construirlo y siguieron construyéndolo hasta que la divina providencia -quiero creer que así fue- decidió darlo por acabado antes de terminar, dejándonos la obra perfecta.
Ahí han montado la exposición de la parte que le corresponde a Alba, que es el Capítulo V de tema que “Las Edades del Hombre” ha elegido este año destinándolo íntegramente a Santa Teresa de Jesús como “Maestra de Oración”, que la Reina [madre] doña Sofía inauguró hizo anteayer una semana.
Este Capítulo –expuesto en el ábside, recientemente cubierto de la basílica inacabada- está consagrado a la Santa como “Hija de la Iglesia” de la que es doctora desde que Pablo VI la proclamó el 27 de septiembre de 1970, casi medio siglo después de que la Universidad de salamanca la vistiera doctora honoris causa durante un acto académico solemnísimo en el Paraninfo presidido por Alfonso XIII el 6 de octubre de 1922.
Muy bien aprovechado el poco espacio para lo mucho que hay, obras bastantes de ellas sacadas de las clausuras, en las que permanecían desde que el artista las hizo, siendo esto su mayor atractivo. Este Capítulo alberga piezas traídas de toda España.
El espíritu inicial de “Las Edades” era mostrar el inmenso patrimonio artístico y documental religioso de Castilla y León, Pero ese espíritu religioso se quedó pequeño y hubo la necesidad de abrirse a un campo mayor, pero sin olvidar los orígenes , que son los que mantienen la razón de ser de “Las Edades”, que con la exposición de Alba ha vuelto de nuevo a Salamanca, que fue donde se concibió la idea, concretamente en un despacho de la Caja de Ahorros que entonces presidía José María Vargas-Zúñiga y dirigía con impecable dominio Sebastián Battaner. Buscaron a alguien capaz de sacar adelante aquella idea y lo encontraron en José Velicia, un cura de pueblo que supo hacer realidad -en colaboración con todas las diócesis castellanas leonesas- lo que venimos viendo desde que comenzó su periplo expositivo en la catedral de Valladolid hace ahora veintisiete años.
Bueno es insistir otra vez sobre los orígenes de “Las Edades del Hombre” para recordar cómo, dónde y, sobre todo quienes hicieron posible este milagro cultural, el mayor que se ha producido en Castilla y León. Pues dicho queda para que nadie se olvide de todo esto.

   





 
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