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Aparecido en:  Tribuna de Salamanca
 
Fecha de Publicación: 26/08/2007

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LA BASÍLICA DE SANTA TERESA
Un siglo de obras en Alba de Tormes

   
 

Ligada desde siempre a la localidad albense, ésta decidió honrar a su Santa más conocida construyendo una inmensa Basílica. Sin embargo, cien años después, la ansiada obra del Padre Cámara sigue sin terminarse
Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, la paciencia, todo lo alcanza. Quien a dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”. Que ni pintadas le vienen estas sabias palabras, pronunciadas por Santa Teresa, a la Basílica albense que lleva su nombre. Y es que cuentan los escritos de la época que la conocida obra, programada en su día por el famoso arquitecto Enrique María Repullés, se inició hace por estas fechas, la friolera de cien años. Cien años de constantes paralizaciones, reanudaciones, pero sobre todo, problemas que ha llevado a que hasta los más ancianos de la época se quedaran sin ver acabada la ensoñada obra.
CUNA Y ORIGEN DE FAMOSO ducado de los Alba, la historia de la villa ducal se halla íntimamente ligada a la de una gran mujer, Santa Teresa de Jesús, fundadora de las Carmelitas. Cada rincón de este lugar emana reminiscencias de la religiosa. Así lo sienten sus vecinos y así lo sentía también el Padre Cámara. Es por ello que hace un siglo, el por aquel entonces obispo de Salamanca, consideró que la Iglesia Sepulcro que la Santa tenía en Alba, era insuficiente para albergar la gran cantidad de visitantes que pasaban por sus muros y decidió construir una Basílica. Pero si el Padre Cámara levantara la cabeza, probablemente se sentiría muy apenado al comprobar que, el paso del tiempo, no ha hecho más que aumentar los problemas generados en torno a una obra que muchos han catalogado como signo de pervivencia de los sentimientos cristianos en una sociedad cada vez más laicista.
A mediados de 1897 dieron comienzo las obras con las primeras excavaciones. Tras ello se procedió al derribo de las casas expropiadas y se adquirió el solar del Ayuntamiento en una subasta pública. A pesar de que en octubre se realizó la inauguración oficial del comienzo de las obras, no sería hasta el 1 de mayo de 1898 cuando tendría lugar la colocación de la primera piedra, ceremonia que presidió el propio Padre Cámara.
Hay un gran contraste entre la celeridad inicial y las siguientes fases. Tras una complicada fase de expropiaciones se acometieron las obras a gran ritmo, siendo muy lento entre 1904 y 1912.
Después de 20 años y coincidiendo con la Primera Guerra Mundial se paran las obras como consecuencia del ambiente creado y de la falta de medios económicos para sacar adelante el templo.
Los obispos siguientes al Padre Cámara, tomaron como misión principal el terminar la Basílica entre 1927 y 1932. Así, bajo el episcopado de Frutos Valiente se construyeron las capillas interiores. Pasados unos años, el obispo Barbado Viejo, le encomendó la finalización del proyecto a los Carmelitas, pero los problemas encontrados fueron muchos y no pudieron finalizar su tarea. Las obras por ello permanecieron paradas hasta que el año 1982 se vuelven a reanudar los trabajos.
El 4 de octubre de 1981, al finalizar la ceremonia de inauguración del IV Centenario Teresiano, la Diócesis de Salamanca, recibió los documentos de retrocesión de la Basílica de manos del Padre General de los Carmelitas, traídos desde Roma.
FELICES SE LAS PROMETÍAN los cientos de personas que el día 15 de octubre de 1897 se congregaron en aquel solar. Y es que por aquel entonces no suponían que un proyecto de tal magnitud tendría estas continuas dificultades. La principal de todas ellas, la falta del respaldo económico que esperabas sus promotores de los católicos, encantados en un principio con la nueva empresa. Y es que el Padre Cámara no contó con otro recurso para financiar la construcción que las donaciones que se recibían. Las damas de la aristocracia española ofrecieron en principio, las aportaciones más generosas. A ellos se unieron los párrocos, labradores, clases populares y la inestimable ayuda que desde algunos países de América se recibía. Pero todo resultaba insuficiente ante una obra tan costosa, que con el paso de los años se iría encareciendo por la subida del precio de los materiales. En todo el período de construcción se invirtió casi un millón de pesetas, una cantidad que, para la época, resultaba desmesurada,. Es por eso que poco a poco fue descendiendo acusadamente el ritmo de las obras. Por eso y porque el dinero que se requería no sólo se empleaba en la Basílica, sino que fue imprescindible para realizar obras de infraestructura, para el acarreo de materiales y para dar salida a la multitud de escombros que se almacenaban. También se construyeron hospederías, destinadas a albergar a los peregrinos que financiaban estas obras.
El Padre Cámara, además, quería que la Basílicas se encontrara vinculada, no solo a la figura de Santa Teresa, sino a la ciudad de Salamanca, por lo que decidió que se construyera con piedra de Villamayor, uno de los mejores emblemas charros. De ese singular color dorado se revistió cada parte hoy construida a excepción del zócalo para evitar los problemas habituales de erosión. Y si particular resultó su material, no menos resultó su estilo. Y es que éste fue una decisión personal del obispo de Salamanca. Gran conocedor del arte, el Padre Cámara consideró que la obra debía de ser un fiel reflejo de la arquitectura gótica, ya que, en palabras textuales, “es el más apropiado para representar la idea cristiana en las edificaciones porque está exento de galas ornamentales pero al mismo tiempo ofrece una severa majestuosidad de líneas y proporciones y se alza a las más puras y serenas regiones a las que se alzó, intrépida, la humilde y endiosada Virgen carmelitana.”
De acuerdo con esta misma premisa, Enrique María Repullés, el arquitecto más relevante de su tiempo, elaboró un proyecto en el que tomó elementos diversos de las grandes catedrales góticas. Se trataba, a su entender, de “erigir una Basílica a Santa Teresa, de grandes dimensiones y digna del objeto al que se dedicaba”
Fruto así de la confluencia de todos estos factores surgió su planta de cruz latina, con tres naves y tres capillas entre contrafuertes. Los extremos del crucero se cerraban a modo de ábsides poligonales ye en la girola se abría una única capilla de dos plantas, destinadas a custodiar. Respectivamente, el corazón y el cuerpo de la Santa, este último en una urna visible desde la nave principal. Con una única entrada monumental, se ideo rematar la parte central del crucero en una aguja calada a la que seguirían otras cuatro menores equidistantes de aquélla.
Cada uno de los elementos se concibió para seguir una idea organicista y racionalista, con una gran carga simbólica (como demuestran los siete tramos de la nave central, teniendo en cuenta lo que el número siete significa) buscando en parte seguir con el simbolismo de la arquitectura cristiana y original en cuanto al as referencias particulares a Santa Teresa. Todo el conjunto se completaría además con los elementos decorativos, no muy abundantes y en su mayor parte inherentes a la estructura: recuadros, rehundidos, arquivoltas y columnillas.
Tras las fiestas de la Transverberación de Santa Teresa, está previsto que se reanude la tercer fase de las obras de la Basílica. A falta de inyecciones económicas de las instituciones que le en un impulso definitivo los ciudadanos de Alba siguen esperando la conclusión de este templo, símbolo de espiritualidad. Con razón la expresión para hacer referencia a la tardanza más acuñada en la villa es “tarda más que la Basílica”
Construida entre 1952 y 1959 y defina en la prensa de la época como una “oración de madera”
La Maqueta de la Basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes es una obra de artesanía que cuenta con alrededor de 40.000 piezas. Su autor, Jerónimo Cotobal, tardo en hacerla ocho años, robando tiempo al ocio y siempre fuera de su horario de trabajo.
El proyecto surgió por iniciativa propia y con el fin de promocionar las obras de la basílica, estancadas desde los años 20.
Sirviéndose de algunas ilustraciones y mínimamente diferente del proyecto original del arquitecto Repullés.
Su toque personal, contradiciendo el proyecto original decimonónico fue la talla de la imagen de Santa Teresa con el brazo en alto, pidiendo ayuda para la terminación del templo. Actualmente la maqueta se expone en la iglesia de San Juan, cedida temporalmente por su autor, y es una de las obras que más llama la atención de los visitantes, no ya como reclamo sino por su propio valor artístico.

   





 
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