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Aparecido en:  La Gaceta
 
Fecha de Publicación: 24/06/2010

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Entreivsta a Jorge D´Alessandro
ex-entrenador UDS

   
 

Más relajado, pero prácticamente igual de exhausto, D'Alessandro pasa revista a su exitoso trabajo en la UDS y a su futuro más cercano.

Han pasado ya un par de días. ¿Cómo se encuentra?

Estoy como con un edificio en los hombros. Estoy físicamente agotado, pero anímicamente muy contento. Todos estos días han sido incontables las muestras de afecto de toda Salamanca. Hasta en Madrid, donde estuve ayer cenando, la gente se levantaba y me reconocía. Ha sido una respuesta desproporcionada. Nunca pensé que Salamanca tuviera esta repercusión mediática tan importante.

¿Es usted el galáctico de la Unión? Lo digo por el efecto mediático que suscitó desde el primer momento su llegada.

Posiblemente haya sido por lo que arrastro, pero ha sido fundamental el programa de Punto Pelota. Ha sido el escaparate en la televisión donde todo el mundo nos ha visto. Yo creo que el hecho de haber respaldado al Salamanca es porque se respalda es a Jorge como persona y una forma de pensar. Pero ha sido bien utilizado porque no hemos hecho nada malo a nadie.

¿Cree que ese efecto de reunir más gente en el Helmántico puede repetirse?

De momento hemos comprobado que se puede conseguir. Estábamos teorizando sobre que Salamanca, o los jóvenes, no consumen fútbol. Es un cuento que yo he escuchado aquí: que si se había perdido la afición al fútbol… eso es falso. Los usos y costumbres son: domingo, cinco de la tarde, fútbol. Pero hay que darles algo a cambio, aunque es verdad que lo que les dimos ahora fue poco: un SOS y poco más, porque éramos últimos. Lo bonito es que hubo gente que además ha disfrutado por cómo hemos jugado, por ejemplo, ante el Betis, el Cartagena o el Real Unión. La gente que fue al Helmántico creo que por momentos vio fútbol.

¿Cuál ha sido la felicitación que ha recibido que no esperaba?

La de la gente pasiva de Salamanca. La del ama de casa, parte del funcionariado… personas que parece que viven al margen de la ciudad. Me aparecen mil nombres. Es gente que parecía indiferente, pero que la hemos reenganchado. Y también a la periferia: Ciudad Rodrigo, Peñaranda, Alba de Tormes... Yo he visto a gente en el campo que hace años que no veía. Algunos con sus hijos.

¿Cree que empezará la próxima temporada entrenando?

De momento no tengo ninguna oferta. Sí me llamaron, graciosamente, en este juego maquiavélico que el Salamanca soportó en las últimas semanas, antes de los partidos de Castellón y Betis, por ejemplo. Entonces lo comenté en el vestuario, que de la misma manera que me llamaban a mí, también lo hacían a ellos. Es el juego de las promesas que no se cumplen, que es muy habitual en este fútbol español. Y le dije a los jugadores: si alguno tiene una oferta, de quien sea, yo lo llevo en mi coche, firmamos y volvemos. Me llamaron entonces y ahora no han llamado más, para que veas. En el fútbol español eso es muy común. Y yo no me fío de nadie.

¿Llegó a despistar la guerra sucia que sufrió el club?

Yo creo que el partido cumbre fue el del Castellón. Cuando me dicen que es a las cuatro de la tarde, a mí me provocó un desajuste. Pero creo que es lo mejor que hemos hecho. Era un partido del cemento, no había ni recogepelotas. Fue vergonzoso. El que puso el partido a esa hora, ante un equipo descendido pero primado hasta las cejas, quería provocar que nos descentráramos. Ese partido era como un horno. Y cuando metes la mano en un horno al final terminas con la mano ensangrentada. Yo lo denuncié. Pero ganamos y ahí dimos jaque mate a la liga.

¿En algún momento pensaste que no se lograba la permanencia?

No, porque los partidos caían rápidamente.

Insistía mucho el martes en que espera que la gente entienda que no siga en el Salamanca. ¿Le preocupa lo que puedan pensar ahora?

No, porque era peor lo que pasó cuando llegué que lo que hay ahora. Yo cuando fui no había nada. Y qué voy a buscar ahí. No hay nada. Por no haber, no hay ni dinero.

Es un misterio sin resolver si usted va a cobrar por lo que hizo...

Imagino que me pagarán (rompe a reír). Creo que me lo merezco. Y espero ser el primero en cobrar, sobre todo por respeto. Y creo que merece una foto cuando lo hagan (sigue riendo). Yo tengo que darle un talón a mi mujer cuando entre en casa (vuelve a reír).

Si el Salamanca actual estuviera en otra situación, ¿lo hubiera aceptado?

No lo sé. Amo el fútbol y posiblemente, pero no lo sé. Es muy goloso lo que me planteas. Sería una logística con (Juan José) Hidalgo, Silvestre (Sánchez Sierra) por detrás, Caja Duero apoyando como hacen en otras provincias… Sería recoger un camino que ya estaba arado. Pero como eso es un sueño, y no se ha logrado la comunión de la gente emblemática, de las fuerzas vivas, que nos daría la posibilidad de hacer un gran equipo, pues se queda en un sueño.

Cuando llegó dijo que no sabía cómo estaba el club. Cuéntenos cómo está.

Somos un club débil. Pobre y débil. Ahí está el ingenio ahora, la habilidad y la capacidad humana, que es la que reduce distancias.

¿Y le parece correcta la forma de plantear el futuro del club, de planificar?

No soy quién. Yo no puedo evaluar. Sólo tengo que dar las gracias porque pensaran en mí en esta situación.

Ha repetido que le gustaría dirigir a la base. ¿Cuando deje de entrenar?

No es cuando termine. A mí me hacen una oferta para dirigir abajo en el Salamanca, el Atlético, o en otro lado y esa idea me gusta mucho. Yo empecé así en el Salamanca.

¿Y aquí le han planteado esa opción?

Pero si no hay para primer equipo, como para gastar en el fútbol base. Porque hablamos de algo serio. Sería algo estructurado, con medios… hay que tener materiales deportivos. No hablamos de una cosa cualquiera, sino de una estructura que requiere inversión. Y si recortas en el primer equipo, imagínate en el fútbol base.

Si la próxima temporada vuelve a ocurrir una situación similar, con el peligro del descenso. ¿Volvería a asumir el reto?

Espero que no vuelva a suceder algo así, que se hagan las cosas mejor. Las cosas pasan y pasan.

Al menos sí tendrá el orgullo de que mucha gente que no creía en usted se ha tenido que comer sus palabras.

Sí, porque yo soy del fútbol. Yo me las huelo al vuelo. Yo siempre digo que en un cabaret un travesti me la puede pegar. Pero en un vestuario o con gente de fútbol, no. Hasta cuando un periodista quiere hacer una pregunta con mala baba. Son 40 años de fútbol. O como cuando me pidieron a Akinsola. Y permítame que pida perdón por ese error. Akinsola no puede jugar al fútbol en este equipo. Puso en 15 minutos en peligro el descenso. Ese error, pensé, me pudo costar la cabeza. Ese chico no estaba en sus cabales. Akinsola fue el error más grande de mi vida. Porque uno puede estar bien o mal, pero no que no esté mentalmente preparado. Y eso es culpa mía. Y yo asumí mi error. Y sobre la gente que no creía en mí, la gente en Salamanca es muy propensa a pensar, a hacer juicios de valor, a sentenciar... y nadie se acuerda de lo que había hecho. Y en Salamanca sólo se creaban dudas. Todos tenemos oposición, pero ese grupo se había encargado de desautorizarme. Y aquí se me negó. Y bueno, ya sé que a veces se fue muy duro, y al final con trabajo, sin hacer la pelota a nadie, se consiguió convencer a esa gente. Me alegro que esa gente que estaba en mi contra haya rectificado.

¿Dónde quiere estar dentro de seis meses?

Ser feliz. Estar en mi mundo, jugando al golf. Estar con los míos.

¿Ni siquiera entrenando?

Si surge, estaremos. Y si no, a disfrutar. A estar con mi familia, jugar al golf...

   





 
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