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Aparecido en:  El Norte de Castilla
 
Fecha de Publicación: 10/07/2015

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PERSPECTIVAS TERESIANAS. Un Teresianista catalán en Salamanca y Alba de Tormes. Manuel Diego Sánchez, carmelita

   
 

Ya hemos citado al personaje en columnas de semanas anteriores. Nos referimos a San Enrique de Ossó y Cervelló (1840-1896). Se trata de un sacerdote que trabaja entre Tortosa y Tarragona, fundador de la Compañía de Santa Teresa, las famosas ‘Teresianas’ que todavía hoy regentan tantos centros educativos. Era amigo del obispo salmantino Narciso Martínez Izquierdo y el canónigo Enrique Almaraz, luego también obispo y cardenal; entre los tres hubo una estrecha colaboración para renovar el movimiento teresiano, sobre todo mediante las peregrinaciones a Ávila y Alba de Tormes. Ossó fue un apóstol muy original que en su momento se sirvió de la prensa, revistas, libros y hasta de las bellas artes para difundir la figura y el mensaje teresiano. Eran aquellos tiempos en que el Carmelo masculino estaba suprimido en España a causa de la exclaustración y desamortización. Pues el teresianismo moderno debe tanto a este hombre, apóstol de Santa Teresa y que en seis ocasiones por lo menos, que sepamos, viajó a Salamanca y Alba de Tormes con el fin de venerar las reliquias de santa Teresa.

La primera peregrinación colectiva moderna que se hizo a Alba de Tormes la dirigió él logrando traer a 4.000 personas en el mes de agosto de 1877. El número parece excesivo, pero las crónicas y las fuentes coinciden para poderlo así creer; también lo asegura el mismo Ossó que extiende el número hasta 6.000. Tres días estuvieron en Alba de Tormes; uno no se puede imaginar cómo pudieron resolver el problema de la comida y alojamiento, aunque es de suponer que muchos dormirían incluso dentro de las iglesias. Y todo el transporte dependía del ferrocarril, cuyo trayecto Ávila a Salamanca, pasando por Medina del Campo, estaba por completar. Fue determinante esta medida de progreso para el éxito de la visita, y así el trayecto Medina del Campo – Salamanca (desde el Pedroso de la Armuña) fue inaugurado en agosto de este mismo año por esta peregrinación que aglutinó a gentes de Cataluña, Aragón, valencia, Madrid…

Lo peor fue el trayecto de Salamanca a Alba de Tormes que necesariamente se tenía que hacer a pie, en carruaje o caballería, pasando por la famosa fuente de santa Teresa. Fueron unas jornadas históricas porque, además de Enrique de Ossó, en aquella ocasión se dieron cita personajes como Manuel Domingo o Sol (hoy santo) o Jacinto Verdaguer. Para la fiesta de la Transverberación, 27 de agosto, se hicieron además presentes los obispos de Salamanca, Ávila, Oviedo y un obispo carmelita mexicano, Ramón Moreno. Ossó la consideró una experiencia religiosa excepcional, sobre todo por la cercanía a las reliquias teresianas más insignes, dando ocasión a expresiones intensas de fervor, como cuando dice él en carta: «pasando en vela muchas teresianas toda la noche, con otros fieles y sacerdotes, junto al corazón de santa Teresa» (carta, 30.8.1977).

Fue un acontecimiento histórico para la villa, cuya población se vio más que doblada en esos días de la concentración religiosa y de tanta transcendencia, puesto que abrió una ruta turística teresiana y dio paso a sucesivas peregrinaciones desde todos los puntos de España, más intensificadas en el tercer centenario de la muerte de santa Tersa (18882). Impuso una moda y un estilo de viaje religioso que, al lado de Toma, Lourdes y Montserrat, desde entonces tuvo también como meta los lugares teresianos de Ávila y Alba de Tormes.

El espíritu emprendedor de Ossó lo hacía en tantos aspectos un adelantado a su tiempo que se servía de los medios más modernos para difundir el mensaje teresiano. Además de la fundación de aquella asociación de maestras luego convertidas en la compañía de Santa Tersa –en aquella peregrinación a alba de Tormes, junto con el obispo Martínez Izquierdo de Salamanca, idean una organización mundial para difundir el pensamiento teresiano, asegurar las formas de devoción hacia ella y sobre todo promover el ejercicio de la oración, como el mejor medio de renovar la vida cristiana de acuerdo al estilo y doctrina teresiana. Era la Hermandad Teresiana Universal (no confundir con la cofradía local de la Hermandad Teresiana de Alba), cuyo ideario y estatuto se puede consultar todavía en el Boletín Oficial del obispado salmantino y que creó una red universal teresiana de amigos y devotos de la Santa y cuyo libro-registro de inscripción –por deseo expreso de Ossó- hasta hace muy poco estuvo depositado en el camarín albense del sepulcro de Santa Teresa.

Por desgracia, el proyecto de Ossó y del obispo salmantino, que con razón se le llamaba el obispo de Santa Tersa, ya no existe ni funciona, pero la idea original y su puesta en marcha tuvo gran repercusión en España, Europa y América. Pocos saben que l reunión constitutiva de la misma en el 27 de agosto de 1877, con una asamblea de más de 200 sacerdote y aquellos 4 obispos, se tuvo en la sacristía de la iglesia de las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes, una pieza artística muy digna dentro del conjunto del sepulcro teresiano. Con éste y otros proyectos se realizó lo que Ossó se había propuesto: «Vamos peregrinos teresianos, y debemos volver apóstoles teresianos. Y así fue.»

Sirvan estas líneas para recordar la deuda que Salamanca y Alba de Tormes tienen contraída con San Enrique de Ossó, el pionero y promotor del turismo religioso en Alba de Tormes.

   





 
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